<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7511983</id><updated>2011-04-21T22:24:39.906+02:00</updated><title type='text'>Bethleem´s tales</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://bethleemtales.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bethleemtales.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>(d)Bethleem</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://photos1.blogger.com/img/163/1038/200/undead_me.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>7</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7511983.post-113872235090547111</id><published>2006-02-05T14:32:00.000+01:00</published><updated>2006-02-05T14:33:47.193+01:00</updated><title type='text'>Reflejos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hay días en los que me levanto y no puedo mirarme al espejo. Sé que si mi mirada se posa sobre él me devolverá no la imagen de lo soy si no la sombra de lo que pude haber sido, los rescoldos de una hoguera que jamás llegó a encenderse. Durante los últimos veintisiete años el primer pensamiento que acude a mi mente consciente al despertarme es el de sorpresa por seguir viva. Hay no obstante diferencias que van marcando el paso del tiempo: cuando al principio la sorpresa era más del estilo "sigo viva, bien", ahora tiende a ser "vaya, sigo viva" con algún "mierda, sigo viva" que se va abriendo paso a medida que las hojas del calendario siguen cayendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de haber vivido intensamente cada momento desde aquel fatídico tres de febrero, no soy capaz de sacudirme la sensación de haber tirado mi vida por la borda. Hago balance y no encuentro nada sobre lo que pueda decir "para esto he venido al mundo". Soy como una gota de lluvia que impacta contra una ola en medio de un temporal, una inerte nube de polvo cósmico fagocitada por el agujero negro del destino. Sé que nadie hablará de mí cuando esté muerta, que la falta apenas será percibida por un puñado de personas durante un periodo de tiempo despreciable, que nada de lo que he hecho ha supuesto diferencia alguna respecto de si no hubiera sido hecho por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La eterna pelea con la Huesuda está perdida de antemano, es ley de vida, ¿o debida? Las cicatrices del conflicto ya ocupan en mí más que la superficie intacta y, lo peor de todo, no encuentro fuerzas para seguir luchando. Nunca he sido especialmente idealista y las causas perdidas no son mi fuerte. No pocas veces he confrontando los probables efectos perniciosos de dejarme ir con el esfuerzo por seguir presentando batalla. La conclusión es siempre la misma: no compensa seguir en la arena y si no he incado aún la rodilla no ha sido por ningún acto de heroismo o fuerza interior si no por pura y llana cobardía que se impone como el rugido de una masa descontrolada sobre el canto del jilguero que es el cansancio infinito que siento. En el fondo no soy más que la misma niña asustada de antaño cargada con el equipaje adicional de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He seguido siempre mi instinto, he navegado contra la corriente o surcado las crestas de las olas según las fuerzas han ido en contra o a favor de mis principios. He inflingido daño, proporcionado bienestar, ayudado y puesto la zancadilla, dado y quitado vida, he encajado los contínuos y crecientes golpes de mi legendaria mala suerte, defendiendo la posición en situaciones en las que muchos habrían perdido hasta la cordura. Y todo ¿para qué? Para nada. Para ser un engranaje tan pequeño e inútil que si se rompe, la maquina sigue funcionando sin notarlo en lo más mínimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace tiempo que dejé de arrogarme el derecho de contarme entre las filas de los seres humanos. He terminado por convertirme físicamente e intelectualmente en una versión degradada de la especie, un subproducto inferior, la viruta que se desprende al tallar la madera. Por no servir, ya no sirvo ni para la función básica que me otorgó la naturaleza. Soy una completa nulidad, fácilmente sustituible por otra nulidad cualquiera, consumidora de recursos que podrían ser aprovechados de manera considerablemente más eficiente. Si no fuese por las voces que rompen al otro lado de la puerta, sus risas, sus quejas, sus llantos... si no fuese por ellas pondría punto final a mi página ahora mismo. Mi interior debate si cabe una prórroga más, si el sufrimiento aún no es terminal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es por todo eso por lo que no puedo mirarme al espejo. Por que los espejos, como los niños y los borrachos, no saben mentir más allá de la mentira que contiene el ojo que los escruta. Por que cada vez que mis ojos enfrentan mi reflejo, como acabo de hacer, me devuelven invariablemente la sentencia de mi fracaso. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7511983-113872235090547111?l=bethleemtales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/113872235090547111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/113872235090547111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bethleemtales.blogspot.com/2006/02/reflejos.html' title='Reflejos'/><author><name>(d)Bethleem</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://photos1.blogger.com/img/163/1038/200/undead_me.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7511983.post-113517943038745667</id><published>2005-12-21T16:20:00.000+01:00</published><updated>2005-12-21T16:37:10.420+01:00</updated><title type='text'>Atrapa ese bosón</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Michael Vaughn entró en el laboratorio G1 de las instalaciones de American Quantics en Detroit. Como siempre, el olor a ozono era intenso. Como siempre, los cables cruzaban desordenadamente la sala. Como siempre, el zumbido de múltiples aparatos mareaba nada más entrar. Y como siempre, Helga Schneider trasteaba absorta en uno de los componentes de su equipo de pruebas. El aparato soltó un chispazo y la investigadora dejó caer su herramienta mientras sacudía la mano y se quejaba como una niña pequeña. Vaughn aspiró un sorbo de su refresco a través de la pajita. Con aquella atmósfera era un misterio que aún no se hubiese producido ninguna explosión en los casi tres años que llevaba en marcha el proyecto. Carraspeó para llamar la atención de la doctora pero el ruido ambiental ahogó su intento.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Armándose de valor se adentró en la jungla de aparatos zumbantes. Helga se dio cuenta de que tenía visita y corrió a manipular un interruptor enorme. La sala se sumió de repente en un silencio espeso por contraste con el ruido anterior. No, el silencio no era tan absoluto, persistía un ligero zumbido que provenía de la doctora. Helga se quitó las orejeras de protección acústica y Vaughn comprobó con estupefacción que el ruido procedía de allí: la doctora había convertido el equipo de protección acústica en unos auriculares para su reproductor de mp3.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─El silencio es muy aburrido ─trató de justificarse al ver la expresión del Director de I+D de American Quantics.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Y puede concentrarse con eso?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga sonrió mientras se encogía de hombros. Se quitó las gafas de protección dejando en evidencia la suciedad del resto de su cara.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Le agradezco que haya acudido tan pronto.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─El Consejo de Administración está preocupado por su proyecto. Usted había estimado quince meses para su desarrollo funcional y ya han transcurrido más de treinta. ¿Y ahora me pide que le proporcione eso?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Eh, eh. El proyecto funciona desde hace veinte meses, mucho antes de lo previsto.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Salvo por los pequeños flecos...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Oh, bueno, los pequeños flecos siguen siendo pequeños y siguen siendo flecos pero casi he conseguido controlarlos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Casi.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Por eso necesito más potencia de cálculo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn dio otro sorbo a su refresco. El fichaje de la investigadora había sido mérito suyo. En un primer momento le había hecho ganar puntos ante el consejo; antes de que el proyecto se estancase y se convirtiese en un sumidero de fondos sin resultados aplicables.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Más potencia de cálculo? Tiene usted aquí uno de los tres Quantumm que existen, más potencia de cálculo en esta sala que toda la que podría encontrar en el continente europeo, excepción hecha de la corporación Wunder. ¿Y necesita más? ─Vaughn sacudió la cabeza. ─¿Cuánta potencia de cálculo adicional necesita?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga suspiró.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Hablamos de tres ceros.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn arqueó una ceja y bufó.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Mil veces la potencia actual? Usted ha perdido la razón.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Er... en realidad hablaba de diez elevado a mil veces la potencia actual...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn dejó caer el refresco al suelo. Tras unos segundos de estupefacción se le escapó una risita nerviosa.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Me toma el pelo, verdad? No existe tanta potencia de calculo en todo el maldito universo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Soy consciente de ello. Por eso no se la estoy pidiendo. Sólo le pido las especificaciones técnicas de Quantumm y sus diagramas Taylor-Rescevin.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn recogió la lata de refresco y buscó con la vista una papelera... imposible localizar nada parecido.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Soslayando el hecho de que esa información es altamente confidencial... perdone, ¿dónde puedo dejar esto?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga señaló una oquedad que asoma su oscura boca en el lateral de una de las máquinas más grandes.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Bien, decía que suponiendo que le suministrase esa información, ¿qué demonios pretende conseguir con eso?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Recuerda el atractor extraño? Creíamos que interpolando el resultado podríamos conseguir estabilizar el proceso.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn asintió.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Y nos encontramos con que el resultado no variaba, ositos quemados y más ositos quemados. Bien, pues esos ositos no eran nuestros.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Ah, no?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No. Observe esto.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga revolvió entre los cachivaches de la mesa principal hasta que dio con un mando a distancia. Lo apuntó a una de las pantallas y escogió la ultima entrada en el menú. Apareció la secuencia de video correspondiente al último ensayo. Bosón, el gato de otro de los investigadores del departamento, se coló en la zona de transmisión sin que Helga pudiese evitarlo. El gato apartó el osito de peluche que iba a ser transmitido y casi instantáneamente desapareció de la vista con un fogonazo. En la zona de recepción apareció el ya tradicional osito en llamas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn silbó.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Bernie va a matar a alguien cuando se enteré.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Eso es todo lo que se le ocurre comentar? -asaeteó indignada.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Ejem, bueno. ¿Qué quiere que diga? Usted es la experta. Explíqueme porqué no tendremos gato achicharrado de cena.&lt;br /&gt;Helga bufó y murmuró algo en alemán antes de responder.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Universos paralelos. Ese osito ha venido de un universo alternativo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Ahm... ─Vaughn se rascó la barbilla─ Suena demasiado... extravagante. ¿Puede demostrarlo de algún modo?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Acaso le parece normal que entre un gato vivo y salga un peluche ardiendo? Aún no tengo las evidencias necesarias para demostrarlo pero estoy en ello. ¿Conoce el Gedankenexperiment de Schrödringer?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Por favor. Trabajo aquí.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Cierto, cierto. Bien, esto que estoy construyendo es el equivalente de una caja Schrödringer adaptada a un transmisor cuántico. Estoy convencida de que si consigo resolver el atractor en el punto correcto podré controlar totalmente el proceso de la transmisión, devolver este osito a donde corresponde y traer de vuelta a Bosón. Por eso necesito las especificaciones de Quantumm.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn se imaginó por un momento al gato regresando envuelto en llamas y estuvo a punto de preguntar si no sería mejor dejarlo donde estaba. La mirada fulminante de la investigadora le disuadió de hacerlo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Entiendo lo que me dice, pero se me escapa un pequeño matiz. ¿Qué tienen que ver el diseño de nuestro ordenador cuántico con la potencia que usted me pide?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga sacó una cajetilla de cigarrillos mentolados de un bolsillo de su bata y sacó uno.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;-No está permitido fumar en todo el complejo, doctora.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;-Lo sé -corroboró ella mientras encendía el cigarrillo y le daba una lenta primera calada-. Pretendo aprovechar las interferencias que hemos detectado desde el principio. Si, como es más que probable, proceden de los otros Quantumm de universos alternativos, mi plan consiste en aumentar los niveles de interferencia hasta que nuestro Quantumm pueda “colaborar” y controlar a todas esas otras réplicas y bueno, ¡bum!, tendríamos infinitos Quantumm trabajando en paralelo para nosotros.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El director de I+D apenas pudo contener una carcajada. La idea era tan disparatada... Pero viniendo de la doctora Schneider, todo era posible; siempre que no apareciesen flecos, claro.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Eso suena interesante. Muy interesante. ¿Está segura de poder conseguir lo que me acaba de contar?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─He revisado los aspectos teóricos varias veces y nada impide a priori que pueda hacerlo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Apoyarla en aquello era una huida hacia delante quizás demasiado descarada. Si tenía éxito podría volver al candelero dentro de la empresa y aspirar a la vicepresidencia que pronto quedaría vacante. Si fracasaba de nuevo...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Puedo intentar vender su idea al Consejo. Consigamos o no hacer viable su proyecto inicial, si es capaz de llevar a la práctica lo que acaba de exponerme será un gran logro para American Quantics. Sí, buena idea...&lt;br /&gt;Vaughn se encaminó hacia la puerta tropezando con un sinfín de cables y objetos desperdigados mientras repetía monótonamente “buena idea”.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Tendrá noticias pronto sobre su petición, doctora Schneider ─dijo desde la puerta con una enorme sonrisa.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga apagó el cigarrillo, se colocó las gafas de nuevo y volvió al trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La doctora Schneider se quitó las gafas y las dejó caer sobre las especificaciones de diseño de Quantumm. Estaba siendo más difícil de lo que había esperado. Quantumm era un prodigio de equilibro; alterar mínimamente alguna de sus partes llevaba a una desestabilización fatal del sistema, o al menos eso se empeñaba en repetir una y otra vez el simulador que American Quantics le había proporcionado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La idea de rediseñar por completo el ordenador cuántico, que al principio había surgido como un mal chiste en la mente de la doctora, se estaba perfilando como la alternativa más viable para conseguir sus objetivos. A partir de los diagramas había entendido los principios de funcionamiento de la máquina y a priori no había obstáculos teóricos a sus pretensiones salvo la maldita realidad física en la que habían cristalizado aquellos principios. Echó un vistazo al listado de componentes de Quantumm. ¿Serían suficientes para construir a partir de ellos el nuevo modelo de ordenador cuántico?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;¿Qué hubiese hecho Mozart? ¿Mozart? Se sorprendió pensando tal ridiculez hasta que se percató de que había sido el timbre de su teléfono móvil, colándose a través de capas y capas de concentración, el que había provocado aquel pensamiento.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Número desconocido, prefijo internacional. ¿Europa? Descolgó y las notas del Réquiem cesaron abruptamente como si todo un sindicato de asesinos acabase de liquidar sincronizadamente a la orquesta que lo interpretaba.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Aló.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Doctora Schneider, Helga Schneider?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Era una voz de mujer, ni demasiado joven ni demasiado mayor. Recordó vagamente haberla oído antes, sin poder concretar dónde o cuándo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Oiga? ¿Hay alguien ahí?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Al habla la doctora Schneider. ¿Quién es usted?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Michelle Wunder. Por favor, no cuelgue.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Cómo ha conseguido este número? Usted y yo no tenemos nada de que hablar. Rechacé su oferta hace tres años y la respuesta sigue siendo la misma.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Simplemente le pido un minuto de su tiempo. Tengo información que creo le interesará conocer y una propuesta que quizás desee estudiar. Un minuto tan solo. Si estoy equivocada no volveré a molestarla.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Le quedan cincuenta y nueve segundos, señorita Wunder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La puerta del despacho de Michael Vaughn se abrió estampándose ruidosamente contra la pared. Helga Schneider entró como un tornado, su cara deformada por una furia que el ejecutivo no había visto jamás en la tranquila investigadora.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¡Militares! ─gritó Helga─. Malditos bastardos, ¡han vendido mi proyecto a los militares!&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Varias cabezas asomaron por la puerta atraídas por los gritos. Vaughn se apresuró a cerrarla y trató de calmar a la irritada mujer.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Qué está diciendo? Su proyecto no ha sido vendido a nadie.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No trate de engañarme. Me han informado de que los resultados de mi trabajo van a ser vendidos al ejercito de los Estados Unidos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Quién le ha informado de eso?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Entonces lo reconoce. ¡Es cierto!&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Quiere calmarse? Quien quiera que le haya contado esas mentiras lo único que pretendía era...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Y la maldita reunión del próximo viernes? -le gritó a escasos centímetros de su cara-. ¿También eso es falso? ¿Hasta cuando pensaba ocultármelo?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn cogió un folio de su mesa y se lo tendió a la doctora.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Me he enterado hace menos de treinta minutos, compruebe la hora de recepción en la cabecera.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga leyó la nota y se sentó despacio, como si la fuerza de la ira la abandonara poco a poco.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No sé quién ha intentado engañarla con este asunto, pero créame, doctora Schneider, no hay nada turbio en todo esto. Trabaja para nosotros, no para los militares. Sabe desde un principio que recibimos fondos gubernamentales y de hecho la administración está muy interesada en la tecnología que está desarrollando con vistas a la colonización espacial.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga dejó la nota sobre la mesa. Decía que la reunión sería con un comité del Gobierno y que debería preparar una exposición del trabajo realizado y una pequeña demostración del estado de desarrollo del proyecto.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Está bien, le creo ─se levantó, erguida la cabeza, fría de nuevo la mirada que clavó en los ojos del Director de I+D.─ Pero recuerde que si acepté trabajar para ustedes fue única y exclusivamente porque eran la única empresa al margen de la corporación Wunder que podía proporcionarme lo que necesitaba para mi proyecto. Conoce mi animadversión hacia el monstruo que es dicha corporación y sabe que no quería en modo alguno ayudar a crecer a la bestia. Pero si hay algo que rechace con más fuerza que a la Wunder, eso son los militares.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Durante unos segundos su mirada fue tan profunda que pareció atravesar a Vaughn, buscando directamente su alma.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Por su bien espero que lo que me ha dicho sea cierto, porque destruiré mi trabajo antes de verlo caer en manos de quienes los utilizarían para sembrar muerte y destrucción a su entero albedrío.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El escalofrío que recorrió la espalda del Director de I+D le hizo comprender que sin lugar a dudas lo haría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El Consejero Delegado de American Quantics observaba el trabajo de la doctora a través del ventanuco de la puerta del laboratorio G1 cuando se reunió con él su Director de I+D.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Algún progreso, Michael?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No lo sé. Los últimos cuatro días ha estado trabajando sin descanso, durmiendo apenas unas horas. No quiere interrupciones de ningún tipo y es imposible averiguar cómo le va.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─He comunicado sus inquietudes al comité.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Y bien?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No se han mostrado demasiado predispuestos a disimular su adscripción. Me han prometido mantener en silencio sus intenciones pero me temo que llevarán sus uniformes.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn sacudió la cabeza.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Eso podría complicar sobremanera las cosas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Sugiere alguna vía de acción? ¿Retiramos a la doctora Schneider de la reunión? -el consejero estaba visiblemente preocupado ante la posibilidad de que la intervención de Schneider ente el comité diese al traste con el negocio.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No, no, sólo conseguiríamos que recelase. Procuraré que lleve adelante la demostración. ¿Esta seguro de que les interesa tal como lo tenemos?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Razonablemente seguro. Sólo quieren comprobarlo in situ para firmar el contrato.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Entonces sugiero que se aproveche el tiempo que durará la reunión para... recuperar... todos los archivos de la doctora sobre su trabajo: ficheros de ordenador, notas, grabaciones. Todo. Posiblemente después habremos de vérnoslas con una hostilidad frontal por su parte.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Sugiere un cambio de titularidad para continuar el desarrollo del proyecto?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn asintió.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El Consejero Delegado le dio unas palmaditas en la espalda.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Buen trabajo, Michael.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga salió del laboratorio G1 empujando la mesa rodante que llevaba la nueva versión de Quantumm. Vaughn ya estaba esperando, muy bien trajeado y con aquellos pequeños detalles que indicaban que no se trataba de una reunión cualquiera.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El Director de I+D la piropeó por su elegante aspecto, tan diferente al habitual en ella, le indicó el camino a la sala de reuniones y se ofreció a llevar el ordenador, oferta que Helga rechazó.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Lo hemos conseguido?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Que impaciente es usted. Espere unos minutos y se enterará junto al resto de los asistentes.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Dígame al menos si ha conseguido alterar el funcionamiento de Quantumm como pretendía.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Ah, sí. Ahora ya no se llama Quantumm. Se llama EVA.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿EVA? Parece un nombre ridículo para un ordenador.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Lo sé. Lo había bautizado como Interferón, pero me pidió que le llamase así.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Quién se lo pidió?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─EVA.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn se detuvo, asimilando la información.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Me está diciendo que el ordenador cuántico tiene conciencia de su existencia?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Bueno, no puedo afirmarlo rotundamente, pero es una hipótesis muy plausible. Sala A1. ¿Es aquí, verdad?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Sí, si ─confirmó un anonadado Vaughn─. Tiene que explicarme más sobre...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Ayúdeme con la puerta, ¿quiere?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga entró en la sala y el buenos días que había comenzado a pronunciar murió a medio camino de completarse. Dejó la mesa y salió de la sala, furibunda. Vaughn, que la esperaba en el exterior, la sujetó fuertemente por los hombros.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¡Suélteme! ─gritó Helga con odio en la mirada.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Escuche, doctora Schneider. No es lo que parece. Usted ve esos uniformes ahí dentro y extrapola conclusiones que no son las correctas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Suélteme ─repitió de nuevo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Esos son los expertos que el Gobierno ha creído más competentes para evaluar el proyecto. Tiene mi palabra de honor de que no persiguen fines militares a pesar de sus uniformes. Si no vuelve a entrar ahí nos retirarán todos los fondos gubernamentales y si eso sucede American Quantics la pondrá ipso facto de patitas en la calle y hará lo que más le plazca con su tecnología. ¿Lo comprende?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Helga asintió bruscamente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Usted escoge, entra ahí y sigue decidiendo sobre su trabajo o pierde todo el control y lo deja en manos del Consejo de Administración.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn la soltó lentamente. La investigadora estiró las mangas de su chaqueta, se aclaró la garganta y volvió a entrar en la sala de reuniones. Vaughn entró acto seguido y tras realizar las presentaciones se sentó junto al comité del gobierno. Helga los estudió brevemente. Diez uniformes de todos los colores, con graduaciones que desconocía pero suponía altas, junto a dos civiles, uno de ellos mujer, la única del grupo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Situó una pequeña pirámide en su extremo de la mesa de reuniones, sacó varias carpetas de la mesa rodante de EVA y las dispuso ordenadamente junto a la pirámide. Ignorando aún a su audiencia, encendió el ordenador cuántico, desplegó un teclado de uno de sus laterales e introdujo una larga secuencia de teclas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las luces de la sala de reuniones se atenuaron y una pantalla descendió junto a ella. Helga comenzó su exposición sin mirarles, concentrada en el teclado y la enorme pantalla.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Proyecto SCH/001/A+. Titular: Helga Schneider, es decir, yo misma. Objetivo: desarrollar la tecnología necesaria para teletransporte cuántico.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En la pantalla se inició una grabación y les fue narrando al alimón de las imágenes sus progresos, cómo había conseguido teletransportar satisfactoriamente un átomo de hidrógeno a tres metros de distancia, posteriormente una molécula compleja, una bacteria más tarde; los problemas que habían surgido cuando atacaron la transmisión de objetos macroscópicos, cómo el modelo utilizado formaba una atractor de Lorentz imposible de resolver satisfactoriamente, cómo había decidido solventar ese inconveniente tratando el objeto como un conjunto de partes de viable transmisión y cómo, en el momento de su reconstrucción en el punto de llegada, el calor generado por la unión de las partes hacía que éstas ardiesen literalmente. Una sucesión de diversos experimentos con ositos de peluche se sucedieron en la pantalla, algunos de ellos con soluciones tan heterodoxas como enviar un extintor junto al oso, extintor que indefectiblemente había explotado antes de cumplir su misión.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Uno de los uniformados preguntó porqué se habían utilizado ositos de peluche en los experimentos pero la mirada fulminante de Helga le invitó a no ahondar más en la cuestión. La doctora continuó con una explicación matemática que hizo que todos, incluido Vaughn, se perdiesen, aunque nadie quiso exteriorizarlo ante los demás. La conclusión a la que llegó, y que todos decidieron creer a pies juntillas, era que la transmisión cuántica provocaba la interacción de diferentes n-historias cuánticas y que cada una de ellas estaba recogida en uno y solo en uno de los puntos del atractor extraño. Resolverlo correctamente abría el camino a la transmisión de objetos macroscópicos como un todo, evitando así los nefastos efectos colaterales de la transmisión por partes recombinantes. Vaughn supuso que al margen de él nadie del comité había entendido que la doctora había hablado de universos paralelos. Bien por ella, había sido una forma magistral de ocultar un tema tan peliagudo como aquel.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Y este ─concluyó─ es el estado actual de la tecnología.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Sacó un osito de peluche de uno de los cajones de la mesa portátil y lo situó frente a la pirámide de la mesa, en el espacio despejado de carpetas. Vaughn sintió cómo se aceleraban los latidos de su corazón. Estaba a punto de comprobar si lo habían conseguido. Helga tecleó en la consola de EVA y la pirámide emitió un casi imperceptible zumbido. El osito desapareció con un fogonazo y reapareció inmediatamente en el otro extremo de la mesa, justo entre los sorprendidos miembros del comité. Vaughn sintió como todas sus expectativas se evaporaban: el osito, como siempre, regresó envuelto en llamas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Como pueden ustedes comprobar ─sentenció la doctora─, la tecnología no es viable en su grado de desarrollo actual. ─Introdujo una nueva secuencia en el teclado y las luces volvieron a su intensidad habitual mientras la pantalla se recogía─. Turno de preguntas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Uno de los militares acercó la mano al osito y la retiró bruscamente. Se miraron los unos a los otros, hubo algunos asentimientos, algunas notas garabateadas a toda prisa en sus carpetas y por fin aquel que parecía ostentar la representación del comité, un canoso y fondón hombre embutido en un uniforme caqui con numerosas condecoraciones, comenzó las preguntas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Cuál es el alcance máximo de esto?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─El alcance depende del farovector del que se disponga. En este caso el propio transmisor ha servido de farovector para establecer el punto de llegada por desplazamiento respecto a él.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Qué es eso del faroloquesea?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Un punto espaciotemporal de referencia a partir del cuál establecer el punto de reentrada. Puede ser cualquier fuente emisora, una antena, un potencial térmico, algo que el ordenador pueda localizar y tomar como referencia. Cuanto mayor sea el tamaño de ese farovector, menos precisas serán las coordenadas de reentrada.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Entiendo ─dijo el militar, aunque Helga supo de inmediato que no era así. ─ Y dígame, se podría, por ejemplo, enviar algo a, no sé, digamos un edificio concreto de... el centro de África.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Si hay un farovector próximo a él, sin duda. Podría enviarlo a una edificación concreta de Io si dispongo de un punto de referencia fiable.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo ─citó Vaughn. Varias cabezas se giraron y le miraron inquisitivamente, ante lo que el Director de I+D sacudió la cabeza como queriendo expresar que no había dicho nada.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Y se podría enviar... eh... algo más... sólido, pesado. ¿Una barra de metal?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─El material no es problema pero, como han visto, probablemente se fundiría en el proceso.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Una bala quizás?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Sin duda, pero explotaría al reentrar.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El militar le dedicó una franca sonrisa a la doctora.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Y decía que la tecnología no era viable? Es perfecta.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Cómo que perfecta? Le estoy diciendo que nada de lo transmitido ha resistido el proceso de reentrada.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Imagínese emplearlo con una bomba, doctora.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¡Ya le he explicado que explotaría al reentrar!&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Doctora Schneider, el objetivo de toda bomba no es otro que explotar ─el militar cerró su carpeta con un gesto de satisfacción─. Señor Vaughn, firmaremos ese contrato ─añadió ante la estupefacta mirada de Helga─. El ejército de los Estados Unidos está dispuesto a cumplimentar las exigencias económicas de American Quantics vistos los satisfactorios resultados de su proyecto.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn no perdió de vista a la doctora mientras le dedicaba una sonrisa al militar y ambos se daban la mano. Helga tenía los ojos desorbitados, asimilando lo estúpida que había sido al dejarse conducir a aquella trampa a pesar de todas sus precauciones y horrorizándose con las consecuencias de lo que acababa de escuchar. Michelle Wunder se lo había advertido y ella no había dado crédito a sus palabras, sus prejuicios le habían llevado a confiar sin más en la palabra de aquel asqueroso traidor de Vaughn.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La reunión formal había terminado y varios de los miembros del comité se levantaron y utilizaron sus teléfonos móviles para relatar a sus superiores lo que habían presenciado. Vaughn vio como Helga también sacaba su terminal y establecía una rápida conversación con alguien. El militar seguía hablándole entusiastamente de un tema que Vaughn ni se había preocupado en averiguar, sólo asentía de vez en cuando mientras no apartaba la atención de la investigadora. Cuando Helga conectó su teléfono móvil a EVA, el Director de I+D se disculpó con su interlocutor y se acercó a la doctora, que tecleaba frenéticamente en la consola del ordenador cuántico.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Qué está haciendo? ─gruñó en voz baja.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Se lo advertí, Vaughn ─amenazó la doctora. Golpeó vigorosamente la tecla enter y tanto ella como EVA desaparecieron con un fogonazo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El Director de I+D jamás podría olvidar el intenso odio de aquella ultima mirada que le había dirigido la doctora Helga Schneider.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vaughn entró resignado en su despacho. Se preguntó cuantas horas tardaría en recibir su carta de despido. Aquel que se presentaba como un gran día había terminado en el más absoluto de los fracasos. No habían encontrado nada útil en el laboratorio G1, sólo algunas grabaciones de las pruebas y documentación intranscendente. Todo indicaba que la doctora había estado guardando la información en su Quantumm, el mismo con el que se había inmolado aquella misma mañana enviándose a dios sabía donde para morir en algo no muy distinto a los fuegos del infierno que crearía la reentrada. Las carpetas que había olvidado en la sala de reuniones contenían información detallada de todas y cada una de las pruebas realizadas pero ni una mínima referencia al desarrollo de la tecnología implicada. Tenían el prisma que había utilizado Helga como farovector pero nadie sabía cómo demonios se utilizaba.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Era un cañonazo muy duro en la línea de flotación de American Quantics porque a todos los gastos destinados en aquel proyecto, y que ya no tendrían fruto alguno, había que sumarle la pérdida del horriblemente caro ordenador cuántico y el contrato con el ejército que ya no se firmaría, sin contar con la más que probable retirada de los fondos gubernamentales por la demostrada ineptitud de la empresa. Y él era el responsable último de aquella debacle.&lt;br /&gt;Se disponía a recoger sus efectos personales cuando observó que en su sillón había un artefacto. Reconoció de inmediato la caja Schrödringer que había construido Helga para demostrar su teoría de los universos paralelos. Intrigado, abrió la tapa para ver su contenido y se llevó un susto de muerte cuando de su interior saltó Bosón maullando como un demonio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7511983-113517943038745667?l=bethleemtales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bethleemtales.blogspot.com/feeds/113517943038745667/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7511983&amp;postID=113517943038745667' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/113517943038745667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/113517943038745667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bethleemtales.blogspot.com/2005/12/atrapa-ese-bosn.html' title='Atrapa ese bosón'/><author><name>(d)Bethleem</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://photos1.blogger.com/img/163/1038/200/undead_me.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7511983.post-109232883811714841</id><published>2004-08-12T18:31:00.000+02:00</published><updated>2004-08-12T18:40:38.116+02:00</updated><title type='text'>Semillas espaciales</title><content type='html'>&lt;p align='justify'&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;¿AHORA TAMBIÉN EL ESPACIO? Las grandes letras del titular de portada del Citizen se destacaron en la pantalla mientras la cuidada voz sintética del locutor leía con perfecta entonación de demagogo profesional la arenga contra la cada vez más preocupante escalada de poder de la corporación Wunder. Fuentes que no podían revelar su identidad pero de toda solvencia, dijo de forma que parecía estar compartiendo con su público un secreto de alto nivel, les habían filtrado ciertos preocupantes, casi escupió el adjetivo, informes sobre una inminente campaña de colonización espacial al margen de la ONU.&lt;br /&gt;Michelle Wunder sonrió. Le gustaba cómo había quedado, reflejaba perfectamente aquel aire de incertidumbre y maravilla con que la totalidad del planeta observaba cada uno de sus movimientos desde la lejana fecha en que compró Microsoft al contado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Ha llegado la llamada que estaba esperando. ─Era la voz de su secretaria a través del intercom, que se sobrepuso a la meliflua voz del locutor del Citizen.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Es el Secretario de Asuntos Espaciales?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No, se trata del Secretario General de la ONU en persona.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Perfecto. Puedes pasármelo inmediatamente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cerró su edición multimedia del Citizen y en la pantalla apareció el rostro del viejo hombre, visiblemente cansado y ojeroso.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Buenos días, Raymond. ¿Cómo estás?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Déjate de cortesías, Michelle. Sabes perfectamente cuál es el motivo de mi llamada y exijo una explicación.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Exiges? La edad te está empezando a afectar, viejo amigo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No soy tu amigo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Semántica ─dijo mientras hacía un gesto con la mano quitándole importancia.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─He recibido tu mensajito. ¿Esperabas que me quedase con los brazos cruzados?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Mensajito? No te he enviado ningún mensaje.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El Secretario General de la ONU agitó una edición impresa del Citizen.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Este mensajito.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─El Citizen no pertenece a mi grupo de comunicación.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Sé que lo compraste a última hora de ayer.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Michelle sonrió como una niña pequeña.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Oh, vaya. Es posible. Nunca estoy al tanto de esas minucias.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Qué es eso de que vas a iniciar tu propia campaña de colonización espacial? ¡No puedes hacer algo así!&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿No puedo? Es curioso, mis asesores dicen todo lo contrario. ¿Quieres subir a mis instalaciones orbitales a comprobarlo por ti mismo? ¿Te viene bien dentro de hora y media? No quiero que pienses que oculto nada.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No puedo conseguir un transporte en tan poco tiempo ─el hombre estaba visiblemente incómodo ante la oferta que sabía que ella le haría.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No importa. Estás en Ginebra, ¿verdad? Puedes utilizar mi ascensor espacial del Mont Blanc. Ese ─añadió con una enorme sonrisa de triunfo─ que tus técnicos dijeron que era físicamente imposible de construir.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Ese no es el fondo de la cuestión. Colonizar un planeta sin contar con nosotros es...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Raymond, ─le interrumpió─ cuanto lo siento, debo dejarte. Me reclaman asuntos inaplazables. Lo arreglaré todo para que te permitan utilizar el ascensor. Te espero a las 11:30 en la estación. Au revoir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Como ya había esperado, fue el único al que dejaron acceder al ascensor. El resto de expertos de la ONU que le habían acompañado ni siquiera fue autorizado a atravesar el perímetro exterior de las instalaciones. Mientras ascendía hacia el espacio se preguntó qué nuevo juego se traería esta vez entre manos su antigua rival. Aquella magna obra de ingeniería que era el ascensor reflejaba muy bien el espíritu de Michelle Wunder: si podía hacerse, simplemente se hacía. Las cuestiones éticas, jurídicas, políticas, eran para ella meros ornamentos que no se molestaba en disimular lo poco que le importaban. El imperio de la fisis sobre el nomos, como le gustaba afirmar.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Si era cierto que pretendía llevar a cabo una colonización particular, y todo parecía indicar que así era, había llevado los preparativos en el más absoluto secreto. Conociéndola como la conocía era obvio que no habría hecho pública su intención hasta que el proyecto estuviese terminado. ¿Cuándo partirían las primeras naves? ¿Al día siguiente? Raymond cayó en la cuenta de la fecha y estuvo plenamente seguro de que así sería. Se recriminó a sí mismo por haber acudido a aquella cita. Posiblemente lo único que pretendía Michelle era jactarse de nuevo de su superioridad, de la total y absoluta libertad de acción que tenía; recordarle lo que había podido tener, lo que había rechazado hacía tantos años.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Cuando el ascensor alcanzó la estación orbital Wunder ella ya le estaba esperando en la zona de llegada. Tenía aquella apariencia de acabar de alcanzar la treintena apenas hacía unos días, congelada su belleza y juventud a través del paso del tiempo. En realidad era mayor que él; su edad exacta nadie la conocía pero rondaba los ochenta y pico años. Y el pico no era precisamente despreciable. Milagros de la nanotecnología, milagros de la corporación Wunder. Le saludó sin estrecharle la mano y evitando el beso en la mejilla. Hasta esas minucias se le negaban.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Bienvenido, Raymond. Se te ve muy cansado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Tú sin embargo estás como siempre, literalmente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Viniendo de ti casi podría considerarlo una afrenta.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Me has proporcionado una mañana demasiado ajetreada para mi edad.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Quejica. La vida no tiene emoción sin un poco de frenesí. Aunque siempre fuiste muy poco aventurero. ¿Dispuesto para la visita?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Raymond asintió.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Algún día deberías patentar esta tecnología de gravedad artificial. Es realmente buena. Los sufridos trabajadores de nuestras estaciones orbitales te estarían eternamente agradecidos.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Ella sonrió. La tradicional apertura de peón de rey acababa de efectuarse.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Si la patentase debería contar el secreto, Raymond, y ahí es donde reside la ventaja diferencial. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─En ser la única que dispone de toda tu tecnología, lo sé. Pero algún día te ablandarás y nos regalarás parte de ella.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Por supuesto. En cuanto mis niveles tecnológicos la conviertan en prehistórica la donaré a la humanidad. Siempre he querido ser reconocida como la gran filántropa que soy ─bromeó─. Por aquí, llegaremos enseguida.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Subieron a un pequeño vehículo que flotaba a unos cuarenta centímetros sobre el suelo. Nadie lo pilotó, se dirigió por propia iniciativa a su destino sin mediar ni una mísera orden.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Espero que todo eso de iniciar un plan de colonización no sea más que un farol.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No lo es. La nave que vamos a visitar está preparada para partir mañana.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Mañana? No sé porqué pero no me sorprende.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Tenía que festejar de alguna forma tu cumpleaños. ¿Cuántos son? ¿Sesenta y nueve?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Setenta ─reconoció Raymond con resignación.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El vehículo se detuvo en un hangar en el que estaba anclado algún tipo de yate espacial de líneas innecesariamente aerodinámicas. En el lateral del casco destacaban las letras doradas que formaban el nombre “Sembrador de mundos”.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Vamos a salir al exterior en eso? ─preguntó al ver la astronave.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No. “Eso” es la nave colonizadora.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Raymond estalló en carcajadas ante la atenta mirada de Michelle.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No me hagas reír. Enséñame la nave auténtica y no lo que quiera que hayas preparado especialmente para mí.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Te repito que esa es la nave colonizadora ─su expresión se había endurecido. No estaba bromeando.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Por el amor de Dios. ¿Qué pretendes, enviar una sola familia para colonizar un planeta? ¡Nuestras naves colonizadoras más pequeñas son doscientas veces más grandes que ese cascarón!&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─De hecho no voy a enviar a nadie a colonizar el planeta. Pero es comprensible tu reacción, supone un cambio de paradigma radical en comparación con vuestra tecnología... ¿prehistórica?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Alexander Yushikota estaba repasando por última vez la totalidad del sistema de asignación genética. El análisis del banco de datos había confirmado la presencia de doscientos cincuenta y seis modelos genéticos válidos, todos ellos diferentes y únicos, así como casi un billón de registros de genes individuales que permitirían ajustar determinados aspectos de cada genotipo para adecuarlo mejor a su futuro entorno. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En esos momentos estaba comprobando el buen funcionamiento del protocolo automático de asignación de modelos. Las primeras generaciones serían seleccionadas automáticamente por los sistemas de control de la nave basándose en los análisis de entorno realizados en el propio planeta destino y con un criterio de máxima diversidad genética. La estrategia consistía en disponer de un número amplio de sujetos muy diferentes en las primeras fases del proyecto para así poder determinar las características que favorecían la supervivencia en el nuevo entorno. Posteriormente esa información se retroalimentaría en los nuevos modelos. Cinco generaciones estaban programadas siguiendo esa estrategia. Más adelante el sistema podría continuar funcionando bajo aquellos parámetros o podría ser puesto en manual. La información de cómo hacerlo no se les suministraría a los pobladores antes de cincuenta años desde la llegada para evitar interferencias en la estrategia que se había revelado óptima.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Introdujo la complicada secuencia de desactivación del programa automático y pasó a revisar los interfaces de diseño manual. Permitía elegir el número de modelos de cada cosecha, los genotipos y los sexos. Podía emplearse para construir un único sujeto con unas características muy específicas que fuesen necesarias para alguna tarea o bien podían generarse cosechas de sesenta y cuatro sujetos simultáneamente usando la totalidad de los úteros artificiales. Si por ejemplo la proporción de mujeres por varón caía preocupantemente, nada más fácil que generar una cosecha de hembras. Introdujo las variantes en el sistema, que las aceptó sin problemas. Sonrío. Acababa de programar el paraíso de todo hombre. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Incluso podrían generarse cosechas sin variación genética alguna. Si sólo uno de los genotipos resultase viable en el nuevo ambiente, sería suficiente con restringir los datos al modelo en cuestión. Introdujo un genotipo al azar, sexos al 50% y 100% de capacidad de producción. El programa lo aceptó de nuevo sin problemas. Bien, el sistema funcionaba a las mil maravillas. Hora de reiniciar el modo automático y despedirse de tantos años de trabajo bien invertido.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La puerta de la sección de génesis se abrió. Visita. Y formada nada más y nada menos que por Michelle Wunder. Y en su acompañante Alex creyó reconocer al Secretario General de las Naciones Unidas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Aquí está la tripulación ─decía Michelle─. Ah, hola, Alex. Os presento. Alexander Yushikota, nuestro Jefe de Equipo del proyecto Gen Viajero, Raymond Pólux, Secretario General de las Naciones Unidas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Es un placer ─saludó Alex.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Interrumpimos algo importante?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Era la forma elegante de Michelle de pedir que les dejase a solas. Alex dudó. Tenía que reprogramar el sistema a automático pero no podía introducir la secuencia secreta delante de personas ajenas al proyecto.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Nada importante ─dijo mientras apagaba el sistema─. El sistema funciona a las mil maravillas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Buen trabajo, Alex. Puedes tomarte el resto de la mañana libre.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Muchas gracias, señorita Wunder.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Abandonó la sala de control anotando mentalmente que lo primero que debía hacer aquella tarde era reconfigurar el sistema automático de génesis.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Esos cinco sarcófagos son los que contendrán a los pobladores?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No, Raymond. Esos cinco sarcófagos contienen cinco androides que se encargaran de asistir a las primeras generaciones en tanto no existan pobladores adultos para hacerlo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Androides? ¿Quieres decir robots?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Exactamente. Con cuerpos aparentemente humanos pero robots al fin y al cabo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No sabía que la inteligencia artificial hubiese alcanzado tal grado de desarrollo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Michelle le dedicó una sonrisa de compresión.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No lo ha hecho, al menos fuera de la corporación Wunder.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Raymond sacudió la cabeza. No dejaba de sorprenderle nunca.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Y si esos no son los colonos, ¿dónde están?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Aquí ─Michelle se apoyó en el sistema informático que Alex acababa de apagar.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Explícate, por favor.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Ya te he dicho que se trata de un paradigma de colonización radicalmente diferente al vuestro. Yo no voy a enviar a pobres familias a través de las profundidades del espacio como hacéis vosotros. ¿Qué conseguís con ello? Nada. Hasta en los viajes más cortos, ¿cuáles son, a los satélites de Júpiter?, los colonos llegan desmoralizados después de nueve años de viaje en condiciones infrahumanas, totalmente inadaptados a la vida en un planeta con gravedad, con su sistema óseo debilitado, su metabolismo alterado casi de forma permanente y su sistema nervioso a punto de convertirse en polvo molecular. Lo único que conseguís es llenar vuestras ratoneras de seres que lo que más desean es morir para poder liberarse. No, Raymond, así no se consigue nada. ¿Ves esta computadora? Contiene más de doscientos modelos genéticos informatizados. Mis colonos serán creados en el planeta destino y no tendrán que soportar el viaje.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Los ojos de Raymond casi se le salen de las órbitas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Clonación humana? ¿Me estás hablando de clonación humana?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No. La técnica de génesis es idéntica pero estos modelos no pertenecen a ningún ser humano concreto, han sido creados desde cero. No vamos a clonar nada, vamos a crear vida.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Pero... pero... has tenido que experimentar con ADN humano para conseguir esa tecnología. Y eso está terminantemente prohibido en todo el Sistema Solar.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Minucias. Si puede hacerse...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Sí, ya sé. Simplemente se hará. Pero tus actos tienen serias consecuencias. Esta vez has superado los límites más allá de donde podías permitirte. No puedes colonizar un planeta con... con... con esos seres. No son naturales. No sabes lo que pueden hacer.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Lo que tú llamas “esos seres” son personas, Raymond, como tú y como yo. Y no voy a colonizar el planeta con ellos. Son simplemente la vanguardia. Deben comprobar la habitabilidad del planeta y construir ciertas infraestructuras allí. La colonización se hará posteriormente. Con gente de la Tierra. Con todo aquel que pague el precio que fije para acceder al Edén que pretendo construir allí.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Y a dónde vas a enviar esta nave fáustica, si puede saberse?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Oh, el lugar concreto no puedo revelártelo. Se trata de un sistema que hemos bautizado con el nombre de Valhalla, más allá de los límites fijados para el Cinturón Porter-Reizman.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Es decir, fuera de la jurisdicción de la ONU.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Justamente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Pero es una locura. Eso está a más de nueve años luz de la Tierra...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─A 10,5 años luz exactamente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Se tardará más de un siglo en llegar allí. Nuestras primeras sondas aún no han sobrepasado el Cinturón.&lt;br /&gt;Michelle volvió a sonreir.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Mis sondas tardaron 28 años y algunos meses en alcanzar el sistema Alfa Eridiani. De eso hace trece años. Con la tecnología actual esperamos poner esta nave allí en algo menos de quince años.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Estás loca. Con la aceleración que ello implica ningún ser humano soportará ese viaje.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Por supuesto que no. Los futuros colonos no tendrán que utilizar naves para llegar hasta allí. Parte de la infraestructura que se va a construir es un receptor cuántico.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Teletransporte cuántico? ¡No! ¡No puedes tener esa tecnología! ¡No puedes!&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Y no la tengo. Aún. Estamos trabajando para la resolución de algunos pequeños flecos. Pero ya conocemos las características básicas del receptor y confío en haber perfeccionado el transporte de aquí a veinte años. Sembraré de mundos las estrellas.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No, no lo harás ─gritó el Secretario General mientras salía de la sala de control. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Sí, si lo haré ─murmuró Michelle mientras lo seguía con paso calmado.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Raymond se encaminó hacia la puerta del ascensor espacial, jadeando y bufando por el esfuerzo. Estaba decidido a detener aquella locura. Si permitía que colonizase planetas sin control alguno la propia humanidad podía verse en peligro. Quién sabía que extrañas mutaciones podrían suceder, qué nuevos recursos de todo tipo caerían en las manos de aquella mujer con un ansia de poder infinita. Había que deternerla ahora que aún estaba a su alcance.&lt;br /&gt;Pero por el momento el único que se había detenido era él. Las puertas del ascensor no se abrieron cuando llegó hasta ellas y no había ningún mecanismo visible para activarlas. Michelle llegó instantes después en el vehículo que no tocaba el suelo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No trates de detenerme, Raymond. No trates de detener el progreso. Es un proceso irreversible.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las puertas del ascensor se abrieron y el hombre entró, aunque hasta que ella no estuvo en su interior no se puso en movimiento.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Acéptalo. Voy a colonizar un lugar al que vosotros simplemente no podéis llegar antes que yo y si no puedes llegar allí, no puedes detenerme. La tierra nueva siempre fue para los pioneros que se aventuraron en su búsqueda.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─No voy a aceptar nada. Estás hablando de hechos que aún no han sido consumados. Tu nave está aún dentro de mi jurisdicción y no conseguirás hacerla despegar.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─¿Y qué vas a hacer? ¿Confiscar la nave?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Exactamente. En su interior están todas las pruebas necesarias para procesarte a ti y a toda tu organización por violar varias leyes solares respecto a la manipulación de ADN humano.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Si haces eso mañana tendré tu cabeza en una bandeja sobre mi escritorio y la ONU pasará a ser de facto una filial más de mi organización.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Por toda respuesta el Secretario General de la ONU sacó su teléfono móvil y marcó un número.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Raymond, creí que si algo habías aprendido en todo este tiempo es que nunca debes empezar una pelea que no vayas a ganar. Tu teléfono no funciona aquí dentro. Sin embargo ─dijo mientras sacaba el suyo y marcaba─ el mío sí funciona..&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Maxwell, lanzamiento inmediato de Sembrador de Mundos. ... No, no me importa. Sé que está preparada para partir desde ayer, sáltate todos esos trámites burocráticos, asumo personalmente toda la responsabilidad. ... Que inicie el viaje de inmediato. ... ¿Me estás oyendo? ¡Ahora mismo!&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Michelle cortó la comunicación. El ascensor se detuvo y ella sonrió aviesamente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Me temo que hemos sufrido un pequeño percance técnico. Estaremos detenidos aquí un tiempo en tanto se solventa, querido Raymond. Será cuestión de... ─observó la pantalla de su teléfono─ ... unos veintidós minutos. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Uno de los laterales del ascensor se desplazó hacia abajo dejando una magnífica vista de la Tierra coronada en lo alto por la estación orbital Wunder.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;─Alegra esa cara, desde aquí tendremos asientos de primera fila para contemplar el nacimiento de una nueva era. Te prometo que el encendido de los motores del Sembrador de Mundos es algo espectacular, nunca antes habías visto nada igual.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7511983-109232883811714841?l=bethleemtales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bethleemtales.blogspot.com/feeds/109232883811714841/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7511983&amp;postID=109232883811714841' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/109232883811714841'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/109232883811714841'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bethleemtales.blogspot.com/2004/08/semillas-espaciales.html' title='Semillas espaciales'/><author><name>(d)Bethleem</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://photos1.blogger.com/img/163/1038/200/undead_me.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7511983.post-109169985479499530</id><published>2004-08-05T11:56:00.000+02:00</published><updated>2004-08-05T11:57:34.793+02:00</updated><title type='text'>Target: XY</title><content type='html'>&lt;p align='justify'&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Volad, pequeñas, volad. Vosotras seréis nuestra fuerza.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Éramos débiles. Aún lo somos. Un simple par cromosómico ha determinado que nuestra fuerza física sea inferior, más liviana nuestra estructura ósea. Siglos de opresión convirtieron esa inferioridad física en sumisión frente a los fuertes, frente al otro par cromosómico. Si no puedes contrarrestar la violencia física siempre estarás bajo la bota de aquellos que han nacido mejor dotados para ella.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Éramos débiles. Mi madre era débil. Durante años la vi sufrir palizas, caer bajo lluvias de golpes injustificados, no pocas veces en vanos intentos de protegerme a mí. Era débil, éramos débiles. Débil por no tener la fuerza suficiente para encarar a su agresor. Pero más débil por no tener la fuerza suficiente para huir de aquella situación. Débil por las toneladas de cadenas que le habían colocado encima la educación, la sociedad, la dependencia. Recuerdo la paliza que acabó con su vida como si acabase de suceder, su cuerpo demasiado castigado caído en el suelo en medio de un charco de su propia sangre, en su rostro apenas reconocible la última mirada, una mirada agonizante perdida en un punto infinito situado justo tras de mí, sufriendo en el último momento no por ella sino por lo que sabía que me esperaba a mí. Me prometí no ser débil, no cometer los mismos errores que habían terminado con su triste existencia.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Reuní hasta el último átomo de valor que me quedaba e hice lo que tenía que hacer, por más que significase saltar a un vacío desconocido y aterrador; nada podía ser peor que seguir así. Conseguí escapar de aquel infierno. Recogí los escombros de mi ser y sobre ellos reedifiqué una nueva vida; dura, pero libre; dolorosa, pero sin el miedo permanente de caer bajo los golpes indiscriminados.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Trabajé, estudié, me esforcé y me abrí paso a codazos entre la turba que pugnaba por devolverme al lodazal al que nunca regresaré. Pero la maldición cromosómica siguió pesando sobre mí, en formas no tan virulentas pero igual de destructoras. Fui menospreciada por no ser un hombre, rechazada una y otra vez en un mundo diseñado por y para ellos en donde no era más que una intrusa que nunca debió ni siquiera pretender entrar. Cientos de dedos me señalaron el lugar que me correspondía por mi naturaleza, no puedes estar aquí, prohibido salirse del redil. La bota se había hecho más grande y en esta ocasión era imposible escapar de ella.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Recordé mi promesa de no ser débil. ¿Y qué se puede hacer cuando no puedes escapar de la bota? Destruirla antes de que pueda pisotearte. Los problemas deben ser atacados de raíz y la raíz del mío era un simple par cromosómico, un capricho de la naturaleza que me convirtió en lo que soy. Un par cromosómico que hasta hoy implicaba ser débil pero que a partir de ahora será el único garante de fortaleza, la única forma de supervivencia. Todas y cada una de las células lo contienen, una firma fácilmente legible, inconfundible. Una firma que mis pequeñas nanomáquinas autorreproductoras saben distinguir a la perfección y que respetarán por siempre jamás. Su objetivo es otro, ni más ni menos que las células del par antagonista, ese que ha marcado la diferencia entre calzar la bota y estar bajo su suela. Un par cromosómico contra el que mis pequeñas sienten tanta sed de venganza como yo misma y que no dudarán en destruir hasta que el último de ellos haya desaparecido. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;En los pocos días que les quedan antes de desaparecer de la faz de la tierra los poseedores de ese par cromosómico conocerán el miedo y la impotencia de la debilidad impuesta por una tiranía cromosómica, sufrirán y caerán como nosotras lo hemos hecho durante siglos. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La bota está ahora en nuestro pie. Y ya no volveremos a ser débiles.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7511983-109169985479499530?l=bethleemtales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bethleemtales.blogspot.com/feeds/109169985479499530/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7511983&amp;postID=109169985479499530' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/109169985479499530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/109169985479499530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bethleemtales.blogspot.com/2004/08/target-xy_109169985479499530.html' title='Target: XY'/><author><name>(d)Bethleem</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://photos1.blogger.com/img/163/1038/200/undead_me.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7511983.post-109100671008611438</id><published>2004-07-28T11:19:00.000+02:00</published><updated>2004-07-28T11:25:10.086+02:00</updated><title type='text'>Sola</title><content type='html'>&lt;p align='justify'&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El espacio es un lugar sobrecogedoramente vacío, un páramo de soledad que no puede haber sido puesto ahí por casualidad. Un recordatorio de algo que no por doloroso y aterrador dejar de ser real, la única realidad auténticamente real.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;A través del ojo de buey de la compuerta de salida contemplo la oscuridad moteada de pequeños puntitos luminosos que busca opresivamente engullir la nave. Hay vacío allí fuera, también lo hay aquí dentro. Hay oscuridad allí, también la hay aquí. Allí no hay nada, aquí tampoco. Debe hacer mucho frío ahí fuera, porque aquí dentro lo hace; siento el frío que recorre cada una de mis vértebras y se introduce lentamente en mi cabeza, aplacándome, recordándome que estoy sola, como siempre lo he estado, terriblemente sola.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Mi mirada vaga perdida en la inmensidad inabarcable del espacio. Dijeron que estaba preparada, que podría soportarlo. No había peligro de que la ansiedad o el pánico se apoderasen de mí, mis registros eran asombrosamente buenos. Parece que ha vivido toda su vida en medio de ninguna parte, a años luz de cualquier ayuda, en entornos tan amplios y yermos como se pueda imaginar, dijeron. No se habían equivocado. En nada.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Mi mano desnuda acaricia el cristal del ojo de buey, queriendo en realidad acariciar el vacío, la completa y absoluta soledad que hay al otro lado del cristal, el arjé de mi fisis, la materialización definitiva de aquello que durante toda mi vida he presentido que estaba ahí, pero que por algún extraño motivo no se dejaba ver, que se escabullía ladinamente de mi alcance parapetándose tras una bulliciosa apariencia de vida y actividad.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Toda la gente que me ha rodeado, todo el frenesí, todo falso. Meras carcasas huecas que se movían por medio de espasmos automáticos. Nadie real, nada real. Un mundo aún más terrible que el espacio que ahora me rodea, un mundo hueco que en su maligna perversión intentaba hacerme creer que había algo más, que estaba rodeada de seres como yo, que no estaba sola. Que no estaba sola. Sola.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Tardé mucho tiempo en comprender la verdad, demasiado tiempo. Aquel vacío que sentía no tenía su origen dentro de mí, no era yo lo que estaba mal; tenía su origen fuera, en todo lo que me rodeaba, en el aire que respiraba, en todos aquellos ojos que miraban sin ver, en las risas que nacían muertas de sus bocas. Era todo lo demás lo que no estaba bien, aquel conjunto inextricablemente retorcido de marionetas y decorados, construido con el único propósito de ocultarme la verdad, la terrible verdad. Que estoy sola. Sola.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El espacio tiene la propiedad balsámica de mostrarme lo que siempre había sabido, el insondable vacío en el que he vivido todo este tiempo. La sensación que me produce es vieja y conocida, es como estar en casa, pero pudiendo ahora ver el color de las paredes, los muebles, todo. O nada. Porque nada hay allí fuera, como no lo hay tampoco en ninguna otra parte. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Escucho algo rebotar contra el metal de la pared a mis espaldas. Me vuelvo. Se trata del cuchillo, que flota errabundo en la gravedad cero del compartimento. Las burbujas de sangre continúan su danza browniana a su alrededor. Algunas de ellas han encontrado acomodo en las paredes, otras han regresado a los cuerpos de los que salieron y se han quedado prendidas en su exterior, sabedoras de la futilidad de regresar al interior de las carcasas huecas que otrora las contuvieron.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las muecas de dolor e incomprensión en los rostros de lo que decían ser mis compañeros son falsas, como no puede ser de otra manera. No pudieron experimentar dolor, no dolor real, porque para sentirlo hay que estar vivo y ellos nunca lo estuvieron. Pero hasta aquí, en medio de ninguna parte, la farsa debía continuar. Lo habían hecho muy bien, ambos. Autómatas representando su papel de la forma en que se les ha enseñado que deben hacerlo.&lt;br /&gt;Ahora por fin mi situación comienza a ajustarse progresivamente a la realidad. Ya no hay a mi alrededor ninguna de esas diabólicas creaciones, ya no me molestan con sus cacareos vacíos e intrascendentes que me impedían pensar con claridad. Ahora la soledad real y la soledad simulada se funden en una sola. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vuelvo a mirar hacia el exterior. Nada ha cambiado, todo sigue exactamente igual, vacío, oscuridad, frío. Los mismos puntitos luminosos que siempre han estado allí y siempre estarán. El ansia devoradora que no cejará en su empeño hasta sentirme crujir entre sus mandíbulas.&lt;br /&gt;Pero sí que hay algo allí fuera. Ahora puedo percibirlo más claramente. Hay paz, una promesa de paz. La paz que únicamente se puede alcanzar cuando te reconcilias contigo misma y con lo que te rodea, cuando te haces una con la armoniosa vacuidad del universo.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El arjé de mi fisis, tanto tiempo buscado y por fin alcanzado en medio de ninguna parte, como no podría ser de otra forma. Dentro de un momento tiraré de esta palanca y me reconciliaré con el universo, me arrojaré en brazos de la soledad eterna, del frío, del vacío, de la oscuridad. Y ya no estaré sola. Sola.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7511983-109100671008611438?l=bethleemtales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bethleemtales.blogspot.com/feeds/109100671008611438/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7511983&amp;postID=109100671008611438' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/109100671008611438'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/109100671008611438'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bethleemtales.blogspot.com/2004/07/sola.html' title='Sola'/><author><name>(d)Bethleem</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://photos1.blogger.com/img/163/1038/200/undead_me.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7511983.post-109033454065829304</id><published>2004-07-20T16:39:00.000+02:00</published><updated>2004-07-20T16:46:49.460+02:00</updated><title type='text'>Destino</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;—Destino ha entrado en rango visual. ¿Quieres verlo?&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;UV2 asintió con apatía. El ordenador de a bordo hizo desaparecer de la pantalla el tablero de ajedrez y en su lugar pudo contemplar el punto final de su largo viaje, aún demasiado pequeño como para apreciar si había valido la pena tanto sufrimiento. Lo observó durante días, esperando ver algún aumento perceptible del lejano objeto. Cuando le venció el aburrimiento regresó a la partida de ajedrez, a la conocida situación que había estado analizando durante los dos últimos meses. Hacía mucho tiempo que se encontraba solo y no sabía en qué emplear su tiempo; había revisado todas las fichas de sus bancos de datos, explorado todos los registros audiovisuales, tantas veces que casi lo había memorizado todo. ¿Dónde estaba? Sí, la torre derecha. Era la clave del futuro de la partida. Se concentró de nuevo en las posibilidades mientras la Silver devoraba las astronómicas distancias de oscuridad y vacío que le separaban de Destino. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Diez mil años atrás la Silver contaba con más de 500 biunidades a bordo, pero ahora UV2 era su único tripulante, excepción hecha de la inteligencia artificial del ordenador central, que pasaba la mayor parte de su tiempo computando las alternativas de acción para maximizar en todo momento la probabilidad de éxito de la Misión. A medida que la duración del viaje crecía y crecía más allá de las previsiones de los constructores de la Silver se volvía más y más costoso el mantenimiento de tantas biunidades operativas, tanto que la probabilidad de éxito de la Misión se redujo por debajo de los límites aceptables. La IA tomó la decisión oportuna: eliminar todas las biunidades sobrantes y salvar de la quema aquel conjunto que maximizase las probabilidades de éxito. Resultó que el conjunto óptimo lo componía una única biunidad: UV2. En aquel momento la probabilidad de UV2 era de 0,91 sobre la base normal y eliminando el resto de biunidades la probabilidad de éxito de la Misión se haría igual a la de UV2. Ante tal evidencia de superioridad las restantes 511 biunidades aceptaron su suerte y se autoterminaron. Era necesario, pues estaba en el Plan Original que el éxito de la Misión debía prevalecer sobre cualquier otro factor, hasta por encima de sus humildes biovidas. La Misión lo era Todo. Pero para UV2 aquello fue un asesinato, una locura genocida que le atormentaba en sus horas de soledad. Echaba tanto de menos a aquellos a quienes llamó una vez amigos que cambiaría el viaje milenario a Destino por volver a estar con todos ellos de nuevo. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La Silver era el más grandioso proyecto de la historia de la Tierra. Sólo una raza tan orgullosa como la humana pudo concebir una nave de aquellas características. Su elección fue tanto por motivos prácticos de cercanía a la Tierra como por un romanticismo soterrado muy de moda en aquellos momentos. Los análisis procedimentales hipervariantes confirmaron la idoneidad de la elección y hubo voces que llegaron a afirmar que esa era la única razón de su existencia. Y de esa forma comenzaron los trabajos para convertir la Luna en la nave que debería llevar a cabo la Misión. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Fueron momentos difíciles, inexplicablemente el Sol había comenzado su ciclo agónico mucho antes de lo previsto. La raza humana estaba condenada a su extinción si no conseguía abandonar el sistema solar que la había visto nacer. No poseían tecnología de desplazamiento superlumínico ni habían conseguido domesticar los agujeros de gusano. Trabajaron contra reloj, destruyendo su sistema moribundo para aprovechar sus recursos en la construcción de la Silver y escapar de la llamarada destructora del Maligno Sol, el padre asesino, Zeus renacido que iracundo destruía a los hijos del barro. Obraron y labraron la Luna y la convirtieron en la nave más avanzada jamás creada. Fue una proeza épica, casi tres milenios de trabajo arduo. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Paralelamente fue llevado a cabo un exhaustivo estudio del espacio en busca de algún otro planeta en el que poder instalarse. No fue tarea fácil, la información que recogían provenía del pasado, de cuando aquella luz había salido de sus sistemas, y además debían extrapolar la situación al futuro, al lejano momento en que la Silver alcanzase su destino. Los ordenadores cuánticos procesaron sin descanso el espacio hipervariante mientras la Tierra agotaba su existencia. Entretanto la Humanidad se adaptó a las condiciones del inminente éxodo. Abandonando su naturaleza, se consiguió convertir a seres humanos en biunidades, humanoides cibernéticos totalmente artificiales capaces de sobrevivir al viaje. Se escogieron los 512 más adecuados y se les preparó para la Misión. La Silver fue dotada de registros genéticos de todas las especies que poblaban la tierra y úteros artificiales que traerían a la vida a las primeras generaciones, así como de análisis pormenorizados y planes de reconstrucción de cada uno de sus ecosistemas: todo lo necesario para la terraformación de un planeta con unas condiciones de habitabilidad mínimas. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Finalmente la Silver emprendió su viaje rumbo a la esperanza, justo a tiempo de evitar la destrucción del Sistema Solar. Sus tripulantes observaron como su antiguo hogar era destruido y más que nunca fueron conscientes de la envergadura de la tarea que les había sido encomendada. De aquello hacía eones, UV2 no podía decir cuánto tiempo sin consultar los registros de a bordo. Y ahora por fin Destino estaba al alcance de su mano. La IA de la Silver había cifrado en 60 años el tiempo de llegada, apenas un suspiro en comparación con el tiempo transcurrido desde la partida. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;UV2 estaba algo preocupado. Su probabilidad de supervivencia había comenzado a caer en los últimos días y en esos momentos se cifraba en un 0,87. Un atisbo de pánico se formó en su mente artificial cuando especuló con la posibilidad de quedarse justo a las puertas de cumplir la Misión, de morir en el último momento después de tanto esfuerzo. Su supervivencia individual no le importaba, lo importante era la Misión. Sería suficiente con alcanzar el planeta, comprobar que era habitable e iniciar la secuencia de regeneración de la Silver. Después todo sería automático y su presencia no sería necesaria, la Humanidad florecería de nuevo. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La Silver siguió su curso y la probabilidad de UV2 continuó disminuyendo paulatinamente. Según todos los cálculos tenía margen para completar la Misión pero lo cierto era que el margen se reducía de forma alarmante. Cuando faltaban aproximadamente veinte años para alcanzar Destino inició el proceso de creación de un cuerpo humano orgánico. Probabilidad 0,54. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El planeta escogido por la IA era el quinto de aquel sistema solar y un análisis preliminar indicaba un 96% de idoneidad para el desarrollo de la vida humana. Finalmente la Silver alcanzó Destino y entró en órbita alrededor del planeta, materializando la romántica idea de sus constructores de que la nueva Tierra tuviese el mismo satélite que la antigua. La probabilidad de UV2 había descendido a 0,05. Durante varios días la Silver recogió toda la información posible del planeta y la examinó minuciosamente. Era muy similar a la vieja. No se observaron formas de vida inteligente, ni tan siquiera formas de vida animal; sí había una enorme variedad de vida vegetal. Era un planeta precioso a los ojos de UV2. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Inició la secuencia de regeneración, se volcó en el cuerpo orgánico que había generado y descendió a Destino. Al pisar la fresca hierba la felicidad le embargó: la Misión había sido completada con éxito. Se dejó caer en el mullido césped, permitiendo que su vista se perdiese en el cielo azul moteado por pequeñas nubes blanquecinas aquí y allá. Y lloró, lloró de felicidad, porque todo había salido bien, la Humanidad tendría una segunda oportunidad, sus compañeros no habían muerto en vano. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El indicador de pulsera que le mantenía en contacto con la Silver emitió un zumbido. Su probabilidad de supervivencia era cero. Se quedó observando el número sin entender nada. Entonces una luz refulgió en el cielo. No era el mismo planeta, no era el mismo sol, pero después de eones la furia del Maligno se reveló igualmente incontenible, abrasadora y mortal.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7511983-109033454065829304?l=bethleemtales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bethleemtales.blogspot.com/feeds/109033454065829304/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7511983&amp;postID=109033454065829304' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/109033454065829304'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/109033454065829304'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bethleemtales.blogspot.com/2004/07/destino.html' title='Destino'/><author><name>(d)Bethleem</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://photos1.blogger.com/img/163/1038/200/undead_me.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7511983.post-108962322296827417</id><published>2004-07-12T11:06:00.000+02:00</published><updated>2004-07-12T11:07:02.970+02:00</updated><title type='text'>Edén</title><content type='html'>&lt;p align=justify&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;El calor del fuego golpea mi rostro lacerantemente, las llamas bailan ante mí su desenfrenada danza de energía liberada, el resplandor rojizo penetra a través de mis ojos y se adentra en mí, más y más, hasta alcanzar mi alma destruida. Los recuerdos se agolpan en mi mente, encajando lentamente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;“Bienvenidas al complejo Edén. Pertenecéis a la élite de esta arcología y esperamos de vosotras un comportamiento acorde con vuestra naturaleza”. Esas son las invariables palabras con las que se recibe a las nuevas pobladoras del paraíso que constituye el nivel superior de la arcología. Esas fueron las mismas palabras con las que fui recibida, junto a mis compañeras, el día que ingresé en el complejo Edén. Y son también las mismas palabras que constituyen mi primer recuerdo consciente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Tenía catorce años cuando Edén se convirtió en mi residencia. Antes de ese momento mi memoria es un agujero negro insondable, una parte de mi vida que de alguna forma fue borrada de mis recuerdos conscientes pero no de mi persona. Sé que tuve una vida anterior porque conservé de ella todo un conjunto de habilidades básicas que en su momento debí aprender: coordinar mi cuerpo, hablar, razonar, junto con todo un bagaje cultural que comprendía tanto aspectos de la humanidad y su historia como de las costumbres y normas sociales de la arcología. No soy ningún caso aislado, todas las habitantes de Edén se hallan en la misma situación. Perder la memoria previa parece algún tipo de requisito para poder acceder a ese nivel de vida, algo que simplemente aceptamos, un pequeño precio a pagar ya vencido y recaudado sobre el que nada podemos hacer.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Edén es uno de esos pocos lugares cuyo nombre evoca exactamente su naturaleza. Es un vergel bañado por los valiosos rayos solares que atraviesan las lejanas cúpulas transparentes que lo protegen del exterior, los mismos rayos solares que en los niveles inferiores de la arcología son el bien más preciado, sólo al alcance de las clases más poderosas. Ríos cantarines atraviesan aquí y allá el verdor, como dulces cicatrices a cuyo alrededor la vida eclosiona sin poder evitarlo. Pequeños domos puntean el complejo, integrándose armoniosamente con su entorno. El único gran edifico, la Pirámide,  se halla en el mismo centro geométrico desde el que un gigante habría trazado con su compás el inmenso semicírculo que conforma el complejo. Es un edificio enorme, piramidal, blanco, sin otra apertura en su perfecta superficie que el pequeño arco central que permite entrar a su interior cuando así es necesario. Es el punto de unión de Edén con la arcología y el lugar desde donde se gestiona todo el complejo. Allí es donde se celebra la ceremonia de ingreso, de allí salen los pequeños robots de mantenimiento que se encargan de mantener el perfecto estado de Edén, allí llevan a aquellas de nosotras que precisan atención médica especializada; el corazón que mantiene vivo nuestro paraíso. A ambos lados de la Pirámide se extiende la otra gran construcción de Edén: el Diámetro. Se trata de un muro de unos diez metros de alto continuado a partir de ese punto por enormes pantallas transparentes que se elevan hasta la lejana cúpula y que recorre, como su nombre indica, el diámetro de la semicircunferencia que es Edén.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La libertad en el interior del complejo es total. Sólo es preciso cumplir cuidadosamente dos normas: comer los alimentos que se nos proporcionan y someternos a los controles médicos. Las comidas son preparadas por las maquinas situadas en todos y cada uno de los domos del complejo. Es suficiente con apoyar la palma de la mano en cualquiera de ellas y el menú se genera automáticamente, un menú individualizado diseñado día a día para cada una de nosotras y que nos aporta no sólo nutrientes sino todo lo necesario para mantenernos perfectamente sanas. Los controles médicos se realizan en otras máquinas anexas a las anteriores y duran apenas unos instantes. Te acomodas en una mullida butaca y, sin percatarte de cómo, ésta toma una serie de muestras que son comunicadas a la Pirámide, donde se comprueba nuestro estado de salud y en base a ello se elaboran los menús. De vez en cuando pasamos una evaluación psicológica en la Pirámide, uno de los llamémosles actos sociales más esperados por todas nosotras. Entrar allí es casi una especie de fiesta, una ruptura de la plácida monotonía de la vida en Edén.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Las pobladoras de Edén nos agrupamos en familias, si bien es algo más formalista que real. Cada familia está compuesta por gemelas idénticas y cuanto mayor es su número, más importante es considerada la familia. En mi caso pertenezco a las familias más modestas de Edén puesto que no tengo ninguna hermana. En la práctica las familias no viven juntas sino dispersas por el fluctuante caos organizado de la sociedad de Edén. Los domos no pertenecen a nadie en particular y pueden ser utilizados por cualquiera siempre que estén libres, lo que conduce a que vivamos hoy aquí, mañana allí, cambiando casi constantemente de compañía. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Así vivía yo hasta que conocí a Laure. Ella pertenece a una de las familias más importantes de Edén, son siete gemelas, cuatro de ellas de la edad de Laure y dos más cinco años menores. Nos hicimos buenas amigas muy pronto y lo uno llevó a lo otro. En Edén no hay hombres y antes o después todas acabamos sintiendo la necesidad de compartir con alguien nuestra vida y nuestro cuerpo. Hay quien dice que el complejo tiene otra parte simétrica a la nuestra, más allá de la Pirámide y el Diámetro, y que ésta debe estar poblada por hombres. Siempre que he preguntado por ellos en la Pirámide he obtenido idéntica respuesta: no hay hombres en Edén, no hay hombres en la arcología, no hay hombres en la Tierra. Se extinguieron, el cromosoma Y era débil y terminó por desaparecer. Sospechaba que no era del todo cierto pero no tenía pruebas para demostrar lo contrario. Y sinceramente, tampoco me quitaba el sueño. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Pero algo sí me inquietaba: la duda. Siempre he confiado en mis corazonadas y en lo tocante a la Pirámide me decían que nos ocultaba cosas. Era una sensación vaga, que iba y venía pero de la que no podía deshacerme del todo. Pequeños fragmentos de nuestras vidas que no querían encajar, actitudes que no entendía. Secretos que se supone no deberíamos conocer. En una ocasión Laure, jugando en uno de los riachuelos, resbalo y una arista cortante de las rocas de la orilla le provocó una profunda herida en su antebrazo derecho. Avisamos a los medibots y rápidamente se la llevaron a la Pirámide. Pero mientras observábamos la herida habíamos descubierto un pequeño chip en el antebrazo, cerca del hueso, con la inscripción U-102 grabada en él. Supusimos que se trataría de algún mecanismo que se empleaba a la hora de los chequeos médicos y no le dimos mayor importancia. Cuando Laure regresó de la Pirámide unos días después, con el brazo perfectamente curado, no recordaba haber visto el chip y de hecho se extrañó profundamente cuando se lo comenté. No insistí más en el tema con ella. Lo planteé en mi siguiente evaluación psicológica y se mostraron sorprendidas por la “ocurrencia”, así la denominaron, achacando mi extraña visión al trauma de ver a mi amiga malherida, delirios. No se quedaron tranquilas hasta que me mostré firmemente convencida de que realmente no había visto lo que sabía sin asomo de duda que sí había visto; no obstante me citaron para la siguiente evaluación en una fecha inusitadamente próxima en comparación con la frecuencia normal. En ella intentaron averiguar de formas tangenciales si me seguía preocupando el chip; yo cumplí mi papel de despreocupada pobladora de Edén, sin caer en ninguna de sus muchas trampas psicológicas y debí dejarles satisfechas porque todo regresó a la normalidad anterior.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Un día no mucho después de aquello el chequeo de Laure encontró algo anómalo. Problemas en sus ojos. Ella no había experimentado ningún tipo de molestia y así se lo hizo saber a los medibots cuando vinieron a por ella. Los acompañó igualmente a la Pirámide para realizar pruebas más específicas y descartar cualquier posible riesgo. Regresó una semana después. El lugar que habían ocupado sus hermosos ojos grises estaba ocupado ahora por unos fríos ojos electrónicos, una obscenidad mecánica en medio de su bello rostro. Ella quería restarle importancia pero para alguien que la conocía tan bien como yo era evidente que interiormente estaba destrozada. No eran extraños los implantes en Edén pero aquel era especialmente estigmatizante; los órganos internos eran invisibles, las extremidades artificiales podían ocultarse con las ropas, pero aquellos horribles ojos eran algo imposible de obviar. Con una entereza admirable nos contó las pruebas que le realizaron y cómo tuvieron que extirparle los ojos porque de no hacerlo un mal que se había empezado a desarrollar en ellos pondría en grave peligro su vida.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Pero aquella noche, abrazada fuertemente a mí como una niña que busca la protección de su madre, lloró, lloró lágrimas electrónicas que nunca llegaron a mojar la almohada. En los días siguientes tuvo frecuentes pesadillas de las que se despertaba gritando y dando manotazos. En un principio se mostró reticente a contarme aquellas pesadillas pero conseguí vencer su obstinación y terminó relatándomelas. Eran siempre el mismo sueño: soñaba que caminaba por un pasillo lleno de puertas numeradas, acompañada por una gente que no conocía pero que sí parecían conocerla a ella; la introducían en una habitación que resultaba ser una sala de operaciones y allí sentía ser ella y no ser ella, porque se veía también tendida sobre una camilla mientras estaba entrando aún por la puerta. Se miraba y se veía algo más vieja allí postrada, dormida. Enfermeras y doctoras la rodeaban, la tumbaban sobre otra camilla y le dedicaban sonrisas y palabras amables que no entendía. Y entonces, sin dejar de sonreír, acercaban un bisturí a su cara y le sacaban los ojos. Era en ese momento cuando siempre se despertaba.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;A pesar de la fortaleza mostrada inicialmente, su estado anímico se fue deteriorando rápidamente. Apenas hacía vida social, pasaba todo el día postrada en la cama compadeciéndose a sí misma. Prácticamente dejó de comer, de asearse, seguía respirando más por la fuerza de la costumbre que por una verdadera motivación de seguir viva. No tardaron en acudir los medibots a por ella. Se la llevaron a la Pirámide para una cura de salud, sin especificar su duración. Pasaron los días y yo echaba de menos a mi compañera todos y cada uno de los momentos del día; no obstante lo sobrellevaba pensando que Laure se estaría restableciendo y que cuando regresase volvería a ser la persona alegre y vital que había conocido antes de la pérdida de sus ojos y no aquel ser autodestructivo en que se había convertido. Pasaron los días, sí, y las semanas. Y después los meses. Y Laure seguía sin aparecer. Cada vez que preguntaba por ella en la Pirámide obtenía idéntica respuesta: estaba en tratamiento en otros niveles de la arcología; la misma respuesta que habían conseguido sus hermanas según pude averiguar.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Conservé en un pequeño rincón de mi corazón la esperanza de verla regresar algún día pero mi parte racional me gritaba que no volvería jamás. Pasó el tiempo, no sé exactamente cuanto, la vida transcurría para mí de forma monótona, invariante. Me volví reservada, rehuí a aquellas que quisieron acercarse a mí; concentré toda mi atención en recopilar y analizar los pequeños detalles del resto de la arcología que se nos filtraban, jugué peligrosos juegos psicológicos con la Pirámide para obtener migajas de una información que se había convertido en el único objetivo de mi vacía vida. Y cuando llegó el momento estaba preparada.&lt;br /&gt;Antes o después todas acabamos sufriendo alguna dolencia que requiere un tratamiento médico especializado que no se puede realizar en Edén. En mi caso los análisis descubrieron un día serios problemas que afectaban a mi corazón, mi pulmón izquierdo y el brazo del mismo lado. Tal como le había sucedido a Laure, yo no observaba ningún malestar ni síntoma alguno que hiciese sospechar lo que la Pirámide había encontrado; tampoco tenía ni la preparación ni los medios de que allí disponían para evaluar los peligros potenciales. Lo que quizás hubiese sido un cierto recelo en otros tiempos se convirtió simplemente en un motivo de alegría: poder salir de Edén había sido mi mayor deseo desde el momento en que asumí que Laure no iba a regresar al complejo. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Rumbo a la pirámide y más allá, descendiendo por el sistema de ascensores de la arcología. Tal como había averiguado, los botones de control del ascensor estaban etiquetados con números, docenas de ellos. Escurrirme del control de los confiados medibots y pulsar la apertura de emergencia cuando se iluminó el botón de la planta 102 fue un juego de niñas. Salté al exterior y huí por los desconocidos pasillos, girando aquí y allá para crear una ruta aleatoria que los medibots no pudiesen predecir. Rápidamente me deshice de ellos y me enfrenté a mi objetivo: localizar algún lugar de ese nivel 102 etiquetado con la letra U.&lt;br /&gt;Los pasillos estaban casi desiertos y las pocas personas con las que me crucé no mostraron la menor sorpresa al verme por allí, a pesar de que en una de las ocasiones mi pasmo debió ser evidente: acababa de ver el primer ser humano varón de toda mi vida, o al menos de la parte de mi vida que recordaba. La Pirámide nos engañaba, ya no había la menor duda. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La lógica del sistema de etiquetado de las puertas del nivel se me escapaba, si es que tenía algún tipo de lógica aquella sucesión caótica de números y letras que iba encontrado. Llegué a pensar que me había equivocado, que aquella extraña inscripción no guardaba ninguna relación con los niveles de la arcología y que en el remoto caso de que encontrase alguna puerta con la leyenda U-102, Laure no estaría tras ella. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Vagando sin rumbo y desmoralizada, con el desasosiego de saber que pronto sería encontrada por alguien y devuelta a Edén, fui llegando a una zona donde las etiquetas comenzaban a ser más cortas, más inteligibles, más predecibles. Eché a correr, desbocada, frenética, asustada de poder fracasar cuando parecía estar tan cerca. Encontré finalmente la puerta; una sencilla U dorada resplandecía majestuosa en su centro. Golpeé la puerta insistentemente, rogando para que hubiese alguien en el interior, rogando para que ese alguien fuese Laure.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La puerta se abrió y una mujer apareció tras ella. El corazón me dio un vuelco. Estaba más vieja, con el pelo teñido de otro color, pero era Laure. La saludé y la abracé ansiosa. Ella me apartó, sorprendida, sin reconocerme. Me miró fijamente y me preguntó quién era yo. Su voz no era como la recordaba, era mucho más áspera, más cansada. Le devolví la mirada y la terrible verdad se abrió paso a través de sus ojos, unos ojos que me habían mirado tantas veces y que me reconocieron a pesar de que su dueña jamás podría hacerlo. No, no era Laure; era demasiado vieja, su lenguaje corporal no era el de ella, su rudeza nunca hubiese tenido cabida en mi amiga, mi amante. Traspasé el marco de la puerta dándole un empujón y la cerré tras de mí.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Ahora echo sus ojos al fuego que arde frente a mí, los ojos de una persona a quien una vez amé y que ahora sé que se ha perdido para siempre. La usurpadora de su mirada se arrastra en la cocina, gimiendo, pidiendo ayuda mientras dos regatos de sangre gotean de sus cuencas vacías y los rayos del sol los convierten en riachuelos de rubí líquido. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;La usurpadora volverá a conseguir otros ojos, idénticos a los que acaba de perder, pero al menos no serán los de Laure. Ahora sé que ha muerto; tenía hermanas, era prescindible y ya no cumplía su función de mantenerse en óptimo estado para ser utilizada como fuente de repuestos. Todo ha encajado finalmente. Nunca nos engañaron, nunca nos dijeron que fuésemos la élite de la arcología. Nos dijeron que pertenecíamos a esa élite y, en efecto, eso es lo que somos, pertenencias, objetos, bancos vivos de órganos y tejidos que esperan ser reclamados por esa élite. El Edén resultó ser una de las muchas máscaras con las que el infierno disimula su perversa esencia. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;Pienso en el despreciable ser que acaba de reclamar mi corazón, mi pulmón y mi brazo, alguien físicamente igual que yo pero que desprecia mi vida como si fuese la de un simple insecto molesto. Y pensar en ella me llena de felicidad porque yo no tengo hermanas. Por eso sé que cuando en unos instantes me arroje al fuego me la estaré llevando conmigo al mismísimo centro del infierno en que se merece estar.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7511983-108962322296827417?l=bethleemtales.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://bethleemtales.blogspot.com/feeds/108962322296827417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7511983&amp;postID=108962322296827417' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/108962322296827417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7511983/posts/default/108962322296827417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://bethleemtales.blogspot.com/2004/07/edn.html' title='Edén'/><author><name>(d)Bethleem</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='32' src='http://photos1.blogger.com/img/163/1038/200/undead_me.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
