Destino
—Destino ha entrado en rango visual. ¿Quieres verlo?
UV2 asintió con apatía. El ordenador de a bordo hizo desaparecer de la pantalla el tablero de ajedrez y en su lugar pudo contemplar el punto final de su largo viaje, aún demasiado pequeño como para apreciar si había valido la pena tanto sufrimiento. Lo observó durante días, esperando ver algún aumento perceptible del lejano objeto. Cuando le venció el aburrimiento regresó a la partida de ajedrez, a la conocida situación que había estado analizando durante los dos últimos meses. Hacía mucho tiempo que se encontraba solo y no sabía en qué emplear su tiempo; había revisado todas las fichas de sus bancos de datos, explorado todos los registros audiovisuales, tantas veces que casi lo había memorizado todo. ¿Dónde estaba? Sí, la torre derecha. Era la clave del futuro de la partida. Se concentró de nuevo en las posibilidades mientras la Silver devoraba las astronómicas distancias de oscuridad y vacío que le separaban de Destino.
Diez mil años atrás la Silver contaba con más de 500 biunidades a bordo, pero ahora UV2 era su único tripulante, excepción hecha de la inteligencia artificial del ordenador central, que pasaba la mayor parte de su tiempo computando las alternativas de acción para maximizar en todo momento la probabilidad de éxito de la Misión. A medida que la duración del viaje crecía y crecía más allá de las previsiones de los constructores de la Silver se volvía más y más costoso el mantenimiento de tantas biunidades operativas, tanto que la probabilidad de éxito de la Misión se redujo por debajo de los límites aceptables. La IA tomó la decisión oportuna: eliminar todas las biunidades sobrantes y salvar de la quema aquel conjunto que maximizase las probabilidades de éxito. Resultó que el conjunto óptimo lo componía una única biunidad: UV2. En aquel momento la probabilidad de UV2 era de 0,91 sobre la base normal y eliminando el resto de biunidades la probabilidad de éxito de la Misión se haría igual a la de UV2. Ante tal evidencia de superioridad las restantes 511 biunidades aceptaron su suerte y se autoterminaron. Era necesario, pues estaba en el Plan Original que el éxito de la Misión debía prevalecer sobre cualquier otro factor, hasta por encima de sus humildes biovidas. La Misión lo era Todo. Pero para UV2 aquello fue un asesinato, una locura genocida que le atormentaba en sus horas de soledad. Echaba tanto de menos a aquellos a quienes llamó una vez amigos que cambiaría el viaje milenario a Destino por volver a estar con todos ellos de nuevo.
La Silver era el más grandioso proyecto de la historia de la Tierra. Sólo una raza tan orgullosa como la humana pudo concebir una nave de aquellas características. Su elección fue tanto por motivos prácticos de cercanía a la Tierra como por un romanticismo soterrado muy de moda en aquellos momentos. Los análisis procedimentales hipervariantes confirmaron la idoneidad de la elección y hubo voces que llegaron a afirmar que esa era la única razón de su existencia. Y de esa forma comenzaron los trabajos para convertir la Luna en la nave que debería llevar a cabo la Misión.
Fueron momentos difíciles, inexplicablemente el Sol había comenzado su ciclo agónico mucho antes de lo previsto. La raza humana estaba condenada a su extinción si no conseguía abandonar el sistema solar que la había visto nacer. No poseían tecnología de desplazamiento superlumínico ni habían conseguido domesticar los agujeros de gusano. Trabajaron contra reloj, destruyendo su sistema moribundo para aprovechar sus recursos en la construcción de la Silver y escapar de la llamarada destructora del Maligno Sol, el padre asesino, Zeus renacido que iracundo destruía a los hijos del barro. Obraron y labraron la Luna y la convirtieron en la nave más avanzada jamás creada. Fue una proeza épica, casi tres milenios de trabajo arduo.
Paralelamente fue llevado a cabo un exhaustivo estudio del espacio en busca de algún otro planeta en el que poder instalarse. No fue tarea fácil, la información que recogían provenía del pasado, de cuando aquella luz había salido de sus sistemas, y además debían extrapolar la situación al futuro, al lejano momento en que la Silver alcanzase su destino. Los ordenadores cuánticos procesaron sin descanso el espacio hipervariante mientras la Tierra agotaba su existencia. Entretanto la Humanidad se adaptó a las condiciones del inminente éxodo. Abandonando su naturaleza, se consiguió convertir a seres humanos en biunidades, humanoides cibernéticos totalmente artificiales capaces de sobrevivir al viaje. Se escogieron los 512 más adecuados y se les preparó para la Misión. La Silver fue dotada de registros genéticos de todas las especies que poblaban la tierra y úteros artificiales que traerían a la vida a las primeras generaciones, así como de análisis pormenorizados y planes de reconstrucción de cada uno de sus ecosistemas: todo lo necesario para la terraformación de un planeta con unas condiciones de habitabilidad mínimas.
Finalmente la Silver emprendió su viaje rumbo a la esperanza, justo a tiempo de evitar la destrucción del Sistema Solar. Sus tripulantes observaron como su antiguo hogar era destruido y más que nunca fueron conscientes de la envergadura de la tarea que les había sido encomendada. De aquello hacía eones, UV2 no podía decir cuánto tiempo sin consultar los registros de a bordo. Y ahora por fin Destino estaba al alcance de su mano. La IA de la Silver había cifrado en 60 años el tiempo de llegada, apenas un suspiro en comparación con el tiempo transcurrido desde la partida.
UV2 estaba algo preocupado. Su probabilidad de supervivencia había comenzado a caer en los últimos días y en esos momentos se cifraba en un 0,87. Un atisbo de pánico se formó en su mente artificial cuando especuló con la posibilidad de quedarse justo a las puertas de cumplir la Misión, de morir en el último momento después de tanto esfuerzo. Su supervivencia individual no le importaba, lo importante era la Misión. Sería suficiente con alcanzar el planeta, comprobar que era habitable e iniciar la secuencia de regeneración de la Silver. Después todo sería automático y su presencia no sería necesaria, la Humanidad florecería de nuevo.
La Silver siguió su curso y la probabilidad de UV2 continuó disminuyendo paulatinamente. Según todos los cálculos tenía margen para completar la Misión pero lo cierto era que el margen se reducía de forma alarmante. Cuando faltaban aproximadamente veinte años para alcanzar Destino inició el proceso de creación de un cuerpo humano orgánico. Probabilidad 0,54.
El planeta escogido por la IA era el quinto de aquel sistema solar y un análisis preliminar indicaba un 96% de idoneidad para el desarrollo de la vida humana. Finalmente la Silver alcanzó Destino y entró en órbita alrededor del planeta, materializando la romántica idea de sus constructores de que la nueva Tierra tuviese el mismo satélite que la antigua. La probabilidad de UV2 había descendido a 0,05. Durante varios días la Silver recogió toda la información posible del planeta y la examinó minuciosamente. Era muy similar a la vieja. No se observaron formas de vida inteligente, ni tan siquiera formas de vida animal; sí había una enorme variedad de vida vegetal. Era un planeta precioso a los ojos de UV2.
Inició la secuencia de regeneración, se volcó en el cuerpo orgánico que había generado y descendió a Destino. Al pisar la fresca hierba la felicidad le embargó: la Misión había sido completada con éxito. Se dejó caer en el mullido césped, permitiendo que su vista se perdiese en el cielo azul moteado por pequeñas nubes blanquecinas aquí y allá. Y lloró, lloró de felicidad, porque todo había salido bien, la Humanidad tendría una segunda oportunidad, sus compañeros no habían muerto en vano.
El indicador de pulsera que le mantenía en contacto con la Silver emitió un zumbido. Su probabilidad de supervivencia era cero. Se quedó observando el número sin entender nada. Entonces una luz refulgió en el cielo. No era el mismo planeta, no era el mismo sol, pero después de eones la furia del Maligno se reveló igualmente incontenible, abrasadora y mortal.


1 Comments:
Publicado originalmente en un fanzine suizo, republicado en español en el número 8 de Alfa Eridiani (http://www.angelfire.com/freak/alfaeridiani/zona.html), esta es una de las primeras historias de ciencia ficción que escribí.
Intentar cambiar nuestro destino ha sido siempre uno de los sueños de la humanidad, lástima que el Destino sea precisamente aquello hacia lo que nos encaminamos irremediablemente.
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